Francisco
González Ledesma

(Barcelona, 1927-2015)
fue abogado, periodista y escritor.

Biografía

Francisco González Ledesma nació en Barcelona en el barrio del Poble Sec. Hijo de una modista y de un mozo de almacén, sintió desde muy joven el impulso de la escritura. El primer reconocimiento le llegó en 1948 cuando, con apenas 21 años, ganó con “Sombras viejas” el Premio Internacional de Novela de Plaza y Janés, en cuyo jurado figuraban figuras internacionales como Somerset Maugham y Walter Starkie. La novela fue censurada por la dictadura franquista, acusándola de roja y pornógrafa,  frustrando así su trayectoria literaria.

 

Estudió derecho y periodismo, profesiones que ejerció en distintas etapas de su vida, la primera como abogado en Editorial Bruguera y la segunda en periódicos como El Correo Catalán y La Vanguardia.

En 1966 fundó, junto a otros periodistas, el Grupo Democrático de Periodistas, una asociación clandestina en defensa de la libertad de prensa.

En 1977, con la llegada de la democracia, publicó Los Napoleones, retomando así su carrera como escritor, oficio que nunca abandonó pero que solo pudo desempeñar públicamente bajo seudónimos como el de Silver Kane, nombre con el que publicó más de 1.400 novelas populares, en su mayoría del oeste. Otro de sus seudónimos fue Enrique Moriel –nombre del protagonista de la novela que fue censurada-, y que utilizó en el exitoso libro La ciudad sin tiempo.

En 1983 quedó finalista en el Premio Blasco Ibáñez con El expediente Barcelona, novela en la que aparece por vez primera su personaje emblema, el inspector Méndez. Un año después obtuvo el Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo, lo que supuso su consagración como escritor y el inicio de una serie de importantes reconocimientos a nivel nacional e internacional.

Premios

2011 – Premio José Luis Sampedro por la excelencia y los valores humanistas de su trayectoria creadora.

2010 – Medalla Creu de Sant Jordi por su trayectoria informativa y por la calidad de su obra literaria, de proyección internacional.

2009 – Medalla de Oro de la ciudad de Toulouse.

2007 – Premio Internacional RBA de Novela Negra con Una novela de barrio.

2007 – Premio Mystère a la mejor novela extranjera editada en Francia con Cinco mujeres y media.

2006 – I Premio Pepe Carvalho en reconocimiento a toda su trayectoria literaria.

2003 – Premio Dashiell Hammett, otorgado por la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, a la novela Cinco mujeres y media.

1993 – Premio de Novela Deportiva Don Balón con Cine Soledad.

1989 – Premio Mystère a la mejor novela extranjera editada en Francia con La dama de Cahemira.

1986 – Premio de Novela Deportiva Don Balón con la novela 42 kilómetros de compasión.

1984 – Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo.

1980 – Premio Ciudad de Barcelona de Cine como guionista y colaborador en la película Catalans Universals, de Antoni Ribas.

1977 – Premio de Periodismo El Ciervo.

1948 – Premio Internacional de Novela Plaza y Janés con la novela Sombras viejas.

En primera persona

La casa en que nací estaba en la calle Tapioles, 22, de la barriada de Poble Sec de Barcelona. La casa todavía está, y su existencia me ayuda a mitigar el dolor del tiempo que huye, puesto que me sitúa al menos en un punto fijo

“Desde el 27 de enero del 39, la ciudad dejó de ser nuestra. Fue la Barcelona de otros. Fue la Barcelona de los vencedores, los mejores de los cuales trajeron un fusil y el barro de una trinchera, y los peores, unos expedientes y una lista de hombres y mujeres a los que había que matar…”

“Mi aventura en Bruguera duró desde 1947 hasta febrero de 1966, o sea, unos diecinueve años, la parte más importante de mi vida joven… Francisco Bruguera consideraba que todo se compra y se vende, que todo tiene un precio, y si él creía que lo había pagado, ya era suficiente. Se fueron de la casa Perich, Oliván, Víctor Mora… Todos, sencillamente, para no ser tratados como objetos”.

“Déjenme entrar con ustedes en aquella vieja redacción de El Correo Catalán, la más romántica y sucia de Barcelona, que entonces estaba en un sótano de la Rambla, entrando por un costado del hotel Montecarlo que, debidamente desinfectado, aún existe. Lo primero que encontrabas, en la pequeña sala de recepción, era una tubería del techo que goteaba un líquido incasificable, sin duda la orina de los turistas”.

La Vanguardia era la catedral del periodismo. Con sus secciones cuidadosamente separadas, su silencio y sus ordenanzas uniformados, parecía el Ministerio de asuntos Exteriores. Entrar a trabajar allí impresionaba. Su aura de prestigio ya venía de lejos. Existía una anécdota de tiempos de la República que era cierta: un ministro convocaba a la prensa, y su secretario entraba en el despacho diciendo: “¡Señor ministro, señor ministro, que ya le esperan en la antesala cuatro periodistas y un señor de La Vanguardia“.

El Planeta significó la entronización de un personaje que aparecía fragmentariamente en “El expediente Barcelona” y protagonizaba “Las calles de nuestros padres”: Méndez. Ricardo Méndez es un policía de los barrios bajos, más o menos los escenarios de mi niñez, con una edad indefinida, pero siempre próximo a la jubilación, que come mal en los bares de la ciudad vieja (fritangas proletarias y tortillas patrocinadas por el subsidio del paro), lleva trajes de mala calidad y los bolsillos llenos de libros… Por supuesto, Méndez no podía trabajar más que en una comisaría: la de la calle Nou de la Rambla, antigua Comte de l’Asalt”.

* Párrafos extraídos del libro de memorias Historia de mis calles, de González Ledesma (Planeta).

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